Sorpresa inesperada: El interior de Valencia
Otra ruta, otro viaje, la preparación en los mapas, preparar las alforjas, montar las maletas,... esa sensación de salir de casa a descubrir algo nuevo, de aventura, de no saber donde voy a comer ni donde voy a dormir... No me canso de ella.
Esta vez tocaba una zona que no había pasado nunca, ni cerca, el interior de la provincia de Valencia. Ya suponía que iba a ser bonita, con mucho bosque mediterráneo y mucha roca, bonitos pueblos, buena gastronomía. Pero lo que no me esperaba es lo que me encontré allí.
Mi viaje empieza, como ya va siendo habitual cuando voy hacia el noroeste de España, en soledad por la A-32, primero junto a Sierra Mágina, y luego junto a Cazorla, Segura y Las Villas hasta Albacete (ya ni se me ocurre coger la A-4 por donde circula todo el mundo)
En breve estoy en el pueblecito de Villatoya, tomándome un picnic a orillas del Río Cabriel. Ya estoy en la Comunidad Valenciana. Y que mejor manera que entrar al interior por la zona vitivinícola de Utiel - Requena.
Y aquí la primera sorpresa del día, el embalse de Benagéber, enclavado en mitad del bosque y rodeado de tajos de roca y un bonito poblado antiguo de los trabajadores de la zona, hoy día destinado a campamentos de verano. Una antiquísima presa cuyas obras datan de los años 30 y que fue la más alta de España en aquella época. Impresionante igualmente la antigua fábrica de cemento aneja a esta presa que se descuelga por la ladera de la montaña.
Subiendo por el Alto de Mataparda, las vistas desde el otro lado quitan el habla. Al otro lado empieza la Valencia típica, la Comarca de los Serranos, pueblos tranquilos entre campos delimitados por muros de piedra seca, cultivos de almendros y cítricos... Estamos en la zona de Chelva, y aquí otra sorpresa, la cascada de Domeño surgiendo entre farallones de piedra, ya en el Valle del Turia, por la CV-35
Enfilamos hacia Chulilla donde el Turia se encañona y forma los Calderones (con unas rutas de puentes colgantes muy chulas). El pueblo de Chulilla enclavado en el cañón con su espectacular castillo (una pena no tener tiempo para visitarlo) es impresionante.
A partir de aquí la carretera CV-395 se retuerce y se mete entre montañas siguiendo el curso del río Sot, hacia Sot de Chera y Chera, no sin antes pasar por un precioso cañon donde se enclava el embalse del Buseo... Se hace tarde y la carretera está en obras... llego a Chera ya de noche justo para alojarme en el albergue. Esa noche encontrar cena no fue fácil, la despoblación llega a sitios tan cercanos a Valencia como este.
Al día siguiente enfilo carretera hasta Requena, ya en pleno epicentro vitivinícola, rodeado de vides y campos de arcilla roja. Un buen café y la ruta me lleva a hacia otro sitio muy peculiar, la Central Nuclear de Cofrentes y el pueblo que le da nombre. La carretera pasa muy muy cerca de los reactores, otras centrales están más aisladas pero en esta casi se puede tocar el vapor del agua de las torres.
Ahora me adentro en la que, quizá, sea la zona que más me ha sorprendido en este viaje. Por una suerte de caminos forestales asfaltados entre densos bosques y pequeños embalses voy a dar a la CV-428, y en concreto al Mirador de la Tierra Colorá, desde se tiene una impresionante vista de Cortes de Pallás, su embalse y el complejo hidroeléctrico más grande de Europa... El agua se bombea hacia el depósito superior y luego se consigue generar energía en el tremendo desnivel de roca hacia el embalse inferior donde se encañona el Río Turia. Digno de ver.
Y no queda ahí la cosa ya que atravesando el pueblo de Cortes de Pallás, subimos a la Reserva de La Muela, no sin antes ver el precioso castillo de Chirel, una altiplanicie que aparece de la nada, con caminos forestales perdidos. El sol y el tiempo acompañan para hacer otro momento estrella de este viaje. Arriba del todo está el inmenso depósito de la central hidroeléctrica.
El camino continúa en la más absoluta soledad por la aldea de Otonel hasta desembocar el la CV-580, esta vez en el cauce del Río Júcar, y que nos llevará una vez atravesado el pueblo de Millares a otro rincón digno de dar un paseo en soledad. El yacimiento paleontológico del Tambuc, lleno de icnitas de dinosaurios rodeado de jaras, aulagas, pinos... pleno bosque mediterráneo.
Me acerco ya al final de esta ruta, pero aún la carretera se torna espectacular a su paso por el pueblo de Bicorp. Ya nos acercamos a Xátiva y al Mediterráneo y el relieve empieza a calmarse. Todavía tengo tiempo para hacer una parada a comer en el la Albufera de Anna, otro lugar que no te esperas. Una vez salgo de aquí ya no hay más remedio que atravesar la A7, hemos dejado atrás la soledad y la tranquilidad... Pero no por mucho tiempo ya que el camino sigue dirección al interior de la provincia de Alicante... Pero eso será en otra entrada.
Un saludo y nos vemos en las carreteras!

















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